La doble rendija, observaciones microscópicas de la literatura rioplatense

A continuación reproducimos la entrevista de Graciana Petrone a la investigadora del IECH Luciana Martinez para el periódico El Ciudadano. La nota apareció el 19 de noviembre de 2019 con motivo de la publicación del libro de la Dra. Martinez La doble rendija. Autofiguraciones científicas de la literatura en el Río de la Plata. El mismo fue presentado en el IECH el 22 del mismo mes. Pueden encontrar el enlace a la nota original al final de esta página.

La doble rendija, nombre del experimento que el científico Thomas Young realizó a principios del siglo XIX y cuyo resultado aportó a la teoría de la naturaleza ondulatoria de la luz, es el título que eligió la investigadora y docente Luciana Martínez para su flamante libro publicado por Editorial Prometeo que se presentará este viernes a las 18.30 en el Instituto de Estudios Críticos en Humanidades, de Entre Ríos 758.

Física tradicional, cuántica y subatómica, interferencias, mediciones, materia, partícula, energía y literatura rioplatense. Todo está relacionado en la obra publicada por Martínez que surgió de su tesis doctoral defendida en 2013 y que fue enriqueciéndose con trabajos posteriores durante los últimos años.

—¿Por qué elegiste como título La doble rendija?

—La doble rendija es un experimento de laboratorio en donde a través de un sistema de medición logran constatar que, primero la luz y después la materia en general, se comporta tanto como onda y como partícula (…). Todos estos experimentos de la Física cuántica que, justamente se llevan de patadas con el sentido común de cualquier lego y con la Física materialista clásica a la que la literatura ya en siglos anteriores venía cuestionando duramente porque le parecía que era un modelo de explicación del universo que recortaba el espectro humano, es muy bien acogida y ficcionalizada por gran parte de la literatura y otras manifestaciones culturales. Sin ir más lejos en las series la Física cuántica se ha vuelto como un acervo de ideas muy importante.

—¿Cómo relacionás estos postulados científicos con la literatura rioplatense?

—En el Río de La Plata tiene una expresión muy rica en el escritor uruguayo Mario Levrero y en el argentino Marcelo Cohen. La doble rendija reúne investigación de los últimos diez años, incluyendo mi tesis doctoral que defendí en 2013 y escritos posteriores. Cohen, es para mí uno de los grandes escritores de ciencia ficción argentino que tiene una obra muy vasta. La saga del Delta panorámico, si bien es muy compleja, es muy rica y trasciende el género.

Una de las principales hipótesis del libro es que hay una pulsión gnoseológica de la literatura: que la literatura propone epistemologías alternas.

—¿Lugones y Borges encajan dentro de estas teorías?

—Me dedico en esta nota liminar a los antecedente de las poéticas de la segunda mitad del siglo XX, que es lo que se llamó ‘Fantasía científica’. Allí están Eduardo Holmberg, Lugones, Horacio Quiroga y otras narrativas. También Borges que si bien no entraría dentro de esta categoría, tiene muchos ensayos que se pueden leer en esa línea en donde ya existe un cuestionamiento a los límites del concepto de materia de la Física clásica. Justamente lo que van a venir a cuestionar es esa bipartición del universo en sujeto-objeto. Todos estos autores venían a cuestionar estos límites de la materia clásica y de la ciencia moderna clásica y a plantear que hay fenómenos que la ciencia no puede explicar, y ese antecedente sirve de alguna manera para que, tiempo después, tenga tan buena acogida la Física subatómica que, de alguna manera, le vendría a ratificar a la literatura todo ese cuestionamiento.

—¿Cómo influye la ciencia en la literatura y viceversa?

—La ciencia entra vinculada y puesta al servicio de la lógica de la literatura. Hay una propuesta epistemológica de la literatura muy fuerte. Es lo que yo sostengo. Una de las principales hipótesis del libro es que hay una pulsión gnoseológica de la literatura: que la literatura propone epistemologías alternas. Lo que pasa es que no son las del campo de la ciencia. Todo ese acervo de teorías que lleva la literatura para su molino lo usa para formular ontologías subjetivas y problemas del estar en común, lo que en Cohen se hace muy evidente.  Hay toda una teorización sobre el problema en común que, incluso, muchas veces se encuentra con teorías filosóficas como las de Jean-Luc Nancy, por ejemplo. Se pueden establecer parangones y son hipótesis que están en la ficción que quizás las encontremos en ensayos de autor pero que están fundamentalmente en la ficción: suceden a través  de la exploración de los personajes, de las relaciones dentro de las tramas. Son propuestas muy fuertes. Otra de las hipótesis del libro es, justamente, la propuesta realista de Cohen y Levrero: que la ciencia se utiliza para formular un modelo de realismo.

Las vinculaciones entre la ciencia y la literatura son resistidas porque ambas son dos culturas escindidas a partir del siglo de las luces. Volver a vincularlas genera resistencia por parte de las dos partes y, fundamentalmente, de la crítica literaria.

—¿Cómo surge como objeto de tu estudio Mario Levrero?

—En Levrero la propuesta realista es expresa en sus entrevistas. Él se enoja mucho cuando lo relacionan con la ciencia ficción o con el relato fantástico. Dice que hace literatura realista y, sin embargo, reivindica a Philip Dick y cuando le repreguntan sobre si Dick es un autor de ciencia ficción, Levrero contesta que es un escritor realista. Incluso opina que Borges es realista, lo corre de lo fantástico. Para Levrero todo lo que relacionado con los géneros tiene que ver con productos de mercado, fundamentalmente el de la ciencia ficción. Él planteaba muy claramente el tema de un realismo interior muy cruzado por su interés por la parapsicología. Publica en 1979 un manual sobre el tema y postula un realismo de lo interior que está muy cruzado por los conceptos del Manual de parapsicología. En sus ficciones se ve muy bien con los vínculos telepáticos o cuando habla de la materia oscura.  Levrero también tiene todo un interés por la termodinámica, habla de entropía y de la paradoja de Maxwell (experimento mental para retratar la segunda ley de la termodinámica). Lo interesante es que desde todo ese acervo de ideas de la ciencia construye, no una propuesta de la comunidad como Cohen que avanza un paso más, pero sí una teoría ontológica del sujeto que tiene que ver con la termodinámica. Esta idea del yo partido de Levrero, el de la vida diaria que está sujeto a las exigencias del mundo capitalista y un yo que explora la relación con el espíritu. La ontología de Levrero se piensa en un problema termodinámico de distribución de energía entre esos dos yo y se ve muy claramente cuando dice: ‘Si yo me entrego al yo que me garantiza la supervivencia en la vida diaria, descuido el yo espiritual’, y a la inversa.

—¿Cómo se fue dando el tema de esta tesis que sale un poco de lo ordinario?

—Siempre fui lectora de ciencia ficción y, como todo lector del género, me interesó la divulgación científica. Era un universo bastante familiar para mí. Empecé trabajando desde el género y luego amplié a la relación entre literatura y ciencia que, si bien en esas relaciones entraba como objeto la ciencia ficción, no me limitaba para pensar otros problemas más generales y no quedaba encerrada en qué es género y qué no lo es. Las vinculaciones entre la ciencia y la literatura son resistidas porque ambas son dos culturas escindidas a partir del siglo de las luces. Volver a vincularlas genera resistencia por parte de las dos partes y, fundamentalmente, de la crítica literaria.

fuente: elciudadanoweb.com
© CONICET - Rosario